Se me ocurre pensar que a veces una natural modestia, un alguito de vergüenza, y una pizca de temor, hacen que una persona no se dé cuenta de lo que es capaz de sí misma, de qué manera interactúa y llega a otros, y por sobre todo, de qué manera y cuánto puede influir en otros.Creo que esto es lo que le ha pasado a mi interlocutora secreta, a la cual dirijo hoy estas palabras.
Querida mía: tal vez tú no has internalizado en tí misma, y no te has percatado o dado cuenta de la enorme influencia que has ejercido en mi.
El amor que en mí despertaste por ti, no ha sido mérito de nadie sino de tí misma. No tienes por qué lamentarlo, ni arrepentirte, ni sentirte mal por ello, ¡al contrario!.
Ese amor que iniciaste y afianzaste con el correr del tiempo, ha sido obra tuya, ha sido el resultado de quien eres tú en acción.
Tal vez, hasta asombrada, te preguntes ¿por qué así, y por qué tanto?
Y mi explicación es muy sencilla. Tú me dijiste las cosas que nunca nadie me dijo. El intercambio cibernético de todo orden, estilo, y contenido, jamás lo tuve con nadie. Los estupendos poemas que me dedicaste, jamás nadie me los escribió.
La forma en que tú me hiciste sentir, la confianza en mi mismo que desarrollaste, el ahondar como nadie en mi personalidad, y --en tus momentos buenos-- describirme exactamente tal cual soy, demostrando una capacidad excepcional de captación de mi ser, eso no me ocurrió con nadie.
Tú fuiste alguien totalmente nueva y distinta para mi. Porque te demostraste tal cual eres, y sacaste de ti lo mejor que eres capaz de volcar, pensamiento noble, ternura y pasión.
Fue el impacto todo de tu personalidad, y fue el desarrollo del relacionamiento que me planteaste y que tuvimos, lo que me condujo a amarte como a nadie. Y tú, tú has sido la excelsa artífice de todo eso.
Puedes sentirte legítimamente orgullosa de ello.
Ojalá que entonces entiendas las consecuencias del impacto de tu ser y de tu hacer en mi.
Ojalá tú entiendas cómo y por qué he llegado a sentir lo que siento por ti.
La semilla que plantaste, cayó en terreno fértil, sensible, romántico, apasionado también.
Es tu obra. El fruto de tus desvelos, de tus suspiros y lágrimas, de tus frustraciones y alegrías, de los silencios de tu corazón, de tus puños crispados a veces, de tus ganas de volar, y de esa esperanza que creaste y luego penosamente congelaste.
Sólo te digo esto para que lo sepas. Tal vez nunca lo pensaste siquiera. Porque las cosas se viven, y no se premeditan. Y la espontaneidad es el reino de lo auténtico.
Por ello es posible que uno mismo a veces no capte en toda su dimensión cómo uno repercute en la otra persona.
Y se me hace que es bueno tomar consciencia de ello.

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