Querida señora:
Me dirijo a usted con todo el respeto que se merece. Primero, como mujer, luego como señora.
Es cierto que tengo el alma de hierro, pero le consta que soy capaz de la mayor ternura, y que jamás ha existido ni podría existir en mi crueldad alguna.
Jamás infligiría daño a alguien y podría gozar de esa maldad. Jamás.
Tampoco soy frívolo, señora. No tomo la vida a la ligera, ni a las personas haciéndolas cosas al servicio de mis gustos, placeres o propósitos.
Cada ser humano para mi es único, y como tal me merece todo mi respeto y consideración.
Cierto, hay humanos muy des-humanizados, y hay quienes sería preferible no existieran. Pero ese no es en manera alguna su caso, señora.
He tenido para usted todo mi respeto y mucha consideración.
Muy contrariamente a lo que usted tal vez ha podido imaginar, jamás he sido un donjuán, y no he tenido nunca una lista de admiradoras a mi disposición. Mis principios no me lo permiten. Pero mi manera natural de ser tampoco.
Sí claro me gustan las mujeres, simplemente porque soy hombre. Pero jamás las he considerado cosas a mi servicio, o trofeos a conquistar. Ese no soy yo.
Menos sería capaz de abusar de la confianza de alguien que me ha manifestado de manera inequívoca sus sentimientos más nobles por mi, y ha sabido cumplimentarme de manera exquisita y única como usted lo ha hecho, ante lo cual guardo una eterna gratitud.
También usted ha reconocido que en nuestro trato personal he sido siempre un caballero, y usted se ha sentido muy feliz.
Señora, tuve siempre para Ud. mis mejores intenciones. Le consta que puse a su disposición todo mi ser, cuanto tengo y cuanto soy. Usted supo de mi insistencia por largo tiempo, procurando que diera un paso que no se animó a dar.
Quizás desde su situación, lo pensó mucho, no fue facil, tal vez hasta implicó alguna lágrima, pero finalmente tomó una decisión, y le diré sinceramente que --a pesar del dolor que ello me causó-- desde su perspectiva fue la mejor. Lo comprendo, lo entiendo, y lo acompaño.
Pero le ruego encarecidamente, jamás piense que busqué aprovecharme de su gentileza, de su bondad, de sus nobles sentimientos. Porque los míos han sido tan nobles como los suyos, y -a diferencia de los suyos-- han perdurado, porque tan intensos y profundos han sido, que sé durarán por toda la eternidad.
Señora, reciba esto como una leal manifestación de amistad sincera, sin ninguna intención o propósito oculto. Acepte esto como la expresión cabal de mi persona hacia usted.
Quiero desde lo más profundo de mi ser transparentarme ante usted, para que no le quepa ni la más ínfima duda acerca de mi persona, de lo que fueron mis proyectos, mis sueños y anhelos, y de cómo integré a ellos su persona.
Cuando el Ser en Sí nos puso en el camino e hizo posible nuestro encuentro, no fue una mera casualidad. Y lo que de ello se derivó tampoco. Estaba destinado que así ocurriese; y que usted y yo no nos perdamos mutuamente ni nos olvidemos jamás el uno del otro. Sigamos el camino juntos en aras de una hermosa amistad que perdure por los años...
Atentamente,
enigma

This comment has been removed by a blog administrator.
ReplyDelete